La torre de Bhabel
El querer alcanzar el cielo no es una obstinación exclusiva de nuestra época. Prueba de esto es la Torre de Babel, leitmotiv de la arrogancia por excelencia.
Continuación:
El Génesis relata como la humanidad trata de construir una altísima torre express simplemente para probar su capacidad de creación. Son la magnitud y manera (por medio de materiales de baja calidad que simbolizan la falta de bases firmes) de construir la torre, el equivalente a un reto a duelo a muerte hacia el Creador.
Esta de más mencionar que antes de que ese duelo comenzara (o el primer ladrillo cocido al fuego se colocara), bien se podría identificar al contrincante con todas de perder (o mejor dicho –caer-).
El fin de conocer la Historia, es el no repetir los errores del pasado. Pareciera que esto nos pasa de largo. Hoy en plena “modernidad” en donde el mundo se puede “salvar” en cuatro minutos, todavía nos topamos con la necesidad de impresionar con artificio y poses.
Enfermizamente tratamos de separarnos de nuestro centro en búsqueda de una supuesta “perfección” y “grandeza”, que a veces es diametralmente opuesta a nuestras reales y más íntimas aspiraciones.
Dejamos de hacer poesía por trabajar en un banco, controlamos la intensidad con la que amamos para no sufrir cuando perdamos.
Y lo peor es que cada piedra que edificamos, cada escalón que trepamos nos aleja cada vez de nosotros mismos.
La torre de Babel hizo que la humanidad perdiera un lenguaje común, pero no sólo desde las formas. La palabra era hasta entonces un vínculo con lo sagrado; para esos hombres la palabra no sólo designaba sino creaba: el lenguaje era poético no desde el sentido de arte que hoy conocemos, sino desde su capacidad metamórfica de crear pensamientos nuevos, el mito, la mitopoiesis. El hombre tiró la flecha que quiso herir al Dios, resignó su signo sagrado y se quedó con el literal, el material, el pedestre, con “los pies en la tierra” Algunos hombres siguieron hablando aquel idioma original, pero ya no fueron entendidos fueron perseguidos y acusados de oscuros. Desde la torre de Babel existen tantos idiomas como hombres, y también tanto desacuerdo. Ése fue el castigo no divino: dejar lo poético y lo místico por lo literal, referencial y lineal. Al hombre sólo le quedó designar y por ello necesitó crear más objetos. Antes las palabras tenían el poder de crear realidades, nos hacían dioses. Hoy la palabra sólo designa para compensar el vacío del sinsentido; el lenguaje no tendría entonces razón de ser si no hubiera nuevos objetos para designar. El hombre ciñe su destino a crear objetos, necesidades que le den sentido a su vida.
La torre de Babel hizo que los hombres más prácticos eligieran el lenguaje literal; los estéticos, el alegórico; unos pocos el poético. Éstos se convirtieron en artistas. Hasta entonces el arte no era un rol, era un don para todos. Se cree que los menos conservaron el lenguaje místico, hoy la magia, y crearon su mundo pero en otra dimensión. En esta dimensión, la torre de Babel se cae a pedazos; los literales crean objetos y sus propias palabras ya no designan; se apropiando de las palabras de otros y las convierten en falsas y desgastadas alegorías, en lugares comunes. Pero hoy también hay quienes vuelven a observar y se convierten en poetas. La ecología es un camino de regreso. Los que escuchan la voz interior y confían son los nuevos místicos que cierran el círculo de la comprensión, recuperando la magia y resaltando el consejo del maestro interior. No alcanza lo literal sin una percepción mística. El misterio es creer no sólo en lo visible: las palabras no son tangibles, pero existen; su cruel destino de limitarse a designar objetos no es el verdadero; la palabra es la portadora de la intención y la intención es la creadora de la pura posibilidad. El misterio es simple y complejo a la vez, tan simple que se puede crear con la intención, tan complejo que, salvo el que el lenguaje, y con él, el hombre se autoimpognan como castigo.
Un consejo: no sea literal, no viva literalmente, no designe la vida como si fuera un objeto inanimado al que sólo le queda caducar. No se quede en la alegoría, en repetir lo que otros crearon; todos somos creadores, artistas: no se limite a consumir arte. Sea poético en cada acto; comience observando la poesía de la naturaleza: eso lo llevará a intuir la poesía del universo y, así a recuperar su visión mística. Y el día menos pensado estará creando su vida y todo su universo.
9 comentarios
Despues de verla conducir no pensé que pudiera hacer otra cosa más que destruir...ahora veo que también crea
Solo me gustaría aportar una pequeña pregunta, ojalá se pueda comentar (aunque sé que no es un foro)
¿Qué pasa con aquellas personas que su centro es -para ellos- su propia perfección?
Aquellas cuyo arte es precisamente la formulación de alegorías, no necesariamente representando una afrenta sino que simplementemente crean su mística personal sin partir de la ecología, sino de la sociología, creo que no debemos olvidar la mística que existe entre la convivencia humana. Que muchos parecemos también haber olvidado.
Bueno, eso ya sería tema para otro post jajaja antes de convertir mi comentario en otro post mejor me despido...
De nuevo, muy buen post Dhana!
Saludos!
jajajaja te acuerdas?
05.04.08 18:08:36, 